¿Por qué Itinerantes?

El arte es la materia prima del Arteterapia y, de hecho, muchas de las personas que nos dedicamos a este oficio llegamos a él a través de la práctica artística. Aunque no sea imprescindible ser un artista profesional o de formación para dedicarse al Arteterapia, la verdad es que la mayoría venimos de la pintura, la fotografía, la ilustración, la performance, pero en nuestro camino nos hemos encontrado con la vertiente social de las artes – a veces porque también nos dedicábamos a la enseñanza, al trabajo social o asistencial – y hemos visto en esa fusión una manera ideal de poner nuestra actividad artística en el mundo: no sólo a través de su función estética o de su valor comercial, sino a través de su capacidad para actuar como intermediaria de las emociones, como facilitadora en los difíciles procesos vitales por los que todas las personas pasamos.

Pero es justo en esa función social y de acompañamiento en donde, a veces, nos perdemos como artistas y nos diluimos en nuestro afán por trabajar en favor de la asistencia, abandonando nuestro trabajo artístico. Éste es un error frecuente….y grave. Dejando de lado lo que verdaderamente nos nutre podemos acabar siendo incapaces de realizar nuestra labor terapéutica porque nos quedamos, literalmente, “sin gasolina”.

Itinerantes nace precisamente para evitar ese riesgo: somos un grupo de arteterapeutas con un compromiso con nuestra producción artística. Cada mes nos reunimos en un lugar diferente – a menudo también siendo una formación diferente – y exponemos, observamos y comentamos una obra realizada expresamente para ese momento. Trabajamos en el arte y también en la mirada arteterapéutica y, al mismo tiempo, nos nutrimos de las aportaciones del resto del grupo y, frecuentemente, nos maravillamos con las conexiones y sincronías que se crean entre nuestras obras.

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15 de febrero: tiempo

Parece que es lo que nos falta a unas y nos sobra a otras. Poco tiempo para dejarse ir, para descansar, para experimentar, para aburrirse, para encontrarse. Demasiado tiempo para pensar y repensar, para angustiarse, para perderse.

19 de enero: enero cuesta

Con un comienzo tardío, en noviembre, y con un salto en diciembre, llegamos a enero en nuestra mínima expresión, con más voluntad que energía. Ya sea desde la tierra o desde el espacio exterior, hablamos de incertidumbre, de falta de norte, de falta de órbita. De no saber qué hacer, ni cuál es el siguiente paso. De no saber a dónde vamos pero no por eso dejar de caminar.

Confiar en el devenir sería una opción. Entender que la vida no está precisamente hecha de certezas también conviene. Pero, de todos modos, enero cuesta.

10 de noviembre: volver

Ya de vuelta. En nuestro primer encuentro del ciclo 18/19 hemos hablado sobre identidad (¿cómo no?), sobre buscarse y sobre volver (¿o llegar al fin?) a lo fundamental. Y, sobre todo, ha quedado claro que las sucesivas etapas de la vida nos marcan los caminos. ¿Tendremos que seguir esas marcas o habrá alguna alternativa?

22 de junio: Final

Nos reunimos esta vez para cerrar….de momento. Acabamos este primer periodo donde lo empezamos, en el mismo lugar acogedor: volvemos a mirar las obras que hemos creado durante todos estos meses, reflexionamos sobre la última, la que hoy traemos, y nos despedimos hasta octubre. ¡Buenas vacaciones, y que el arte nos acompañe!

18 de mayo: sincronicidad

De vuelta y con muchas ganas de reencontrarnos.

Esta vez sí, aunque fuera una reunión casi improvisada.

Pero sí. Sincronicidad total. 4 personas: dos no pudieron hacer obra, las otras dos hicieron algo totalmente resonante. Piedras, crisálidas, huevos.

Ahora sí: la primavera.

Abril: ¿qué nos pasó?

Abril tiene fama. Buena y mala. De abril se dice que trae “aguas mil”, que “es el mes más cruel” (T.S. Elliot), y que, en él, “se echa la calle la vida y cicatrizan las heridas” (J.M. Serrat). Quizás nosotras también nos echamos a la calle, locas de ganas como estábamos de que llegara la primavera (la de verdad, no la cronológica). Lo cierto es que no hubo manera de encontrar un momento para reunirnos. Hicimos campana. En abril. Bien. Es un buen mes para saltarse las normas.

17 de marzo: las cosas no son como tenían que ser

IMARZO

Filosofías que un día creímos que nos acompañarían toda la vida y que ya no nos sirven; amores que hay que revisitar y reconstruir; lienzos en blanco que nos desafían y nos superan; identidades que hay que domesticar y volver a sembrar en el suelo. No, las cosas no son como esperábamos….pero quizás eso es bueno.